Lo que Enzo me enseñó sobre aprender sin que nadie le enseñe

Hace unas semanas apareció un bicho en el pasillo de nuestro edificio — caparazón duro, andar lento, uno de esos insectos que la mayoría pisaría sin mirar. Enzo no. Se agachó, lo observó de cerca, y sin dudarlo lo tocó con cuidado, como quien saluda a alguien nuevo.
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